VAUMM gana el concurso para la construcción del Basque Culinary Center, nombre con el que se ha bautizado la iniciativa gastronómica promovida por la Universidad de Mondragón (MU) junto a otros agentes sociales e instituciones, y que tendrá dos grandes pilares: una Facultad de Ciencias Gastronómicas y un Centro de Investigación e Innovación en Ciencias gastronómicas, todo ello albergado en un mismo enclave que nace con el objetivo de convertirse en la primera universidad europea creada específicamente para impartir estudios de grado superior en alta cocina y alimentación. En cuanto a la inversión en I+D+I en este centro se desarrollarán seis líneas de investigación: educación y hábitos alimentarios; tendencias de alimentación; innovación en la gestión de empresas del sector; desarrollo de tecnologías asociadas; y elaboración, presentación y conservación de alimentos. resto de propuestas presentadas a concurso noticias:garael diario vasconoticias de gipuzkoael...
Read MoreEl color vuelve a recuperar un alto grado de protagonismo en la composición de las fachadas de los edificios de vanguardia, pero no aparece como un mero elemento decorativo sino más bien como un sistema que refuerza la capacidad de comunicación entre el edificio y su contexto, tanto físico como cultural. Cuando en 1923 J.J.P. Oud, uno de los arquitectos de referencia del movimiento moderno edificó la caseta para la dirección de las obras de la colonia Oud-Mathenesse en Rotterdam, se refirió a la racionalidad del proyecto del siguiente modo: “Es una arquitectura que se expande libremente a plena luz, con una pureza de proporciones, con una explosión de colores que apoya la claridad de la forma”.La caseta que fue destruida durante la segunda guerra mundial, pero que los vecinos del barrio reconstruyeron en 1993, se compone de tres prismas maclados formando una pieza de proporciones cúbicas, en la que cada uno de los volúmenes se destaca al estar pintando con uno de los colores primarios. La obra de Oud es una de las pocas que incorpora el uso del color, convirtiéndolo en un elemento propio de la obra, sobrepasando el carácter decorativo que en principio se le presupone. El movimiento moderno, no sólo despreció el uso del color, sino que incluso lo convirtió en un elemento proscrito en su búsqueda de una arquitectura de base totalmente racionalista. En este proceso de esquematización, industrialización, racionalidad y estética de geometría pura el color blanco, o mejor dicho la ausencia de color, se convirtió en el camino a seguir. Solo en contadas ocasiones los arquitectos del movimiento moderno incorporaron a su obra el color, convirtiéndose de esta manera Luís Barragan, junto con J.J.P. Oud o Le Corbusier, que incluso en su periodo de las casas blancas lo utilizaría, en las claras excepciones. El caso del mexicano es especialmente notable, ya que en un país con una mano de obra poco cualificada, el color se tornará un elemento de vital importancia para poder realizar muros de gran limpieza geométrica y de elevada pureza estética, que carecen en principio del rigor constructivo europeo. Además en obras como la capilla de las Capuchinas Sacramentarias de 1952, las torres de la Ciudad Satélite 1957 o la Casa Gilardi 1972, el color se convertirá en un recurso natural para desarrollar su arquitectura concebida como un juego de planos, luces, texturas y sombras en la búsqueda de espacio de una gran calidad ambiental. Bien por la radicalidad de los planteamientos del funcionalismo moderno, o bien por la prohibición expresada por Adolf Loos, al equiparar ornamento y delito, el color ha atravesado su propia travesía del desierto al haberse visto relegado a mero elemento decorativo, hasta que la arquitectura de vanguardia ha empezado a recuperar su uso como elemento constitutivo de la arquitectura. Uno de los primeros edificios en re-fundar el uso del color fue el Museo de arte contemporáneo de Castilla y León, obra de Mansilla+Tuñón arquitectos que recibió el premio Mies Van der Rohe en el...
Read MoreEl premio Pritzker, considerado como el premio Nobel de la arquitectura, creado en 1978 para destacar la obra de un arquitecto vivo, cuyo trabajo demuestre una combinación de talento, visión y compromiso, ha recaído este año 2009 en el arquitecto suizo Peter Zumthor, acaparando el reconocimiento unánime de críticos y profesionales. En una reciente entrevista, concedida por Peter Zumthor tras conocerse la adjudicación del premio Pritzker, el arquitecto declaraba: “Yo trabajo y vivo, tal y como soy”. Una afirmación que en el caso del arquitecto suizo, se convierte en toda una declaración de principios. Peter Zumthor nacido en Basilea en 1943, estudió ebanistería, la profesión de su padre, antes de pasar a la arquitectura, que estudió en Suiza y Nueva York. A finales de los años 80 se instaló con su familia en el pueblo de Haldenstein, un pequeñísimo municipio de 900 habitantes, perdido en la región suiza de los Grisones, entre prados, lagos y montañas. Allí instaló su estudio, en un edificio que él mismo levantó y en el que sigue desarrollando su actividad profesional, en una oficina que nunca ha superado los quince miembros.Thomas J. Pritzker responsable de otorgar el galardón, destacó: «Todo en los edificios de Peter Zumthor tiene una presencia fuerte, atemporal. Tiene un talento único para combinar el pensamiento claro y riguroso con una dimensión verdaderamente poética, lo que da como resultado un trabajo que nunca deja de inspirar». Sus escasas obras de escala reducida, revelan una mezcla entre el rigor de un artesano suizo conectado con la tradición y la austeridad de la arquitectura moderna y vernacular. Esa mezcla de extremo rigor y minimalismo zen, produce una arquitectura en la que los materiales, la luz y el lugar se convierten en elementos dispuestos para configurar atmósferas, vacíos y experiencias visuales y táctiles que configuran más que edificios, lugares.Tal vez sea esta condición la que dota a la arquitectura de Zumthor de autenticidad, una palabra ligada más, al valor verdadero del oficio del arquitecto, que a las modas cambiantes propias de la disciplina arquitectónica. En cualquier caso, cada uno de sus proyectos tiene una altísima y medida carga formal avalada por el rigor. Cuidados al milímetro, pensados a partir del material y proyectados condensando toda la sabiduría decantada por la práctica profesional, sus edificios destilan espectacularidad. Pero una espectacularidad muy alejada de la de su íntimo amigo el francés Jean Nouvel, premio Pritzker 2008, un arquitecto brillante, pero mucho más preocupado por la imagen y la proyección mediática de la obra que por ser el guardián de las esencias arquitectónicas.Colocar el material como una de las claves arquitectónicas, máxime en una década arrollada por la era virtual, puede considerarse una postura obsoleta. Pero Zumthor demuestra con sus obras y escritos que analizar la tradición y tratar de mejorar esa herencia, es un camino seguro para diseñar grandes edificios. Desde su primera obra, ya muy alejada en el tiempo, la capilla de San Benedicto construida en un pueblecito vecino al suyo, después de que un...
Read MoreDurante los últimos meses exposiciones como la desarrollada en Berlín sobre la vida del Mariscal Erwin Rommel o películas hollywoodienses como la protagonizada por Tom Cruise “Valkyria”; intentan recuperar determinadas expresiones de la Alemania nazi, olvidando las dimensiones de un conflicto que a través del muro atlántico aún es perceptible en nuestro territorio. Al pasear por las inmediaciones del Castillo d’Antoine d’Abbadie, ubicado sobre la playa de Hendaia, pueden descubrirse con facilidad los primeros bunkeres alemanes que configuraban el muro atlántico de Adolf Hitler. Esta fortificación costera, se extiende desde el Bidasoa, aunque en un principio los ingenieros alemanes quisieron darle inicio en la bocana del puerto de Bilbao, hasta la costa norte de Noruega. Es decir, cubre unos cinco mil kilómetros atravesando Francia, Bélgica, Holanda, Alemania, Dinamarca y Noruega, siendo aún visible en múltiples puntos del paisaje costero del atlántico, como lo es en Hendaia, Sokoa, San Juan de Luz o Capbretón. La línea defensiva está formada esencialmente por cerca de 12.000 construcciones en hormigón, de 600 modelos diferentes, cada uno de ellos con una función militar específica, adaptada a la orografía local y a la posición estratégica. Fue Fritz Todt el responsable inicial de la construcción del muro atlántico, si bien fue sustituido por Albert Speer, el arquitecto de cabecera de Hitler en 1942. La edificación de esta línea militar, congregó un elevadísimo número de recursos. Desde materiales, técnicos y humanos hasta económicos y logísticos, y si bien su funcionalidad militar no fue muy sobresaliente, tal y como se demostró durante el desembarco aliado, su construcción sirvió a la propaganda nazi de cuartada para levantar el ánimo de una desilusionada población alemana, haciendo hincapié en la impermeabilidad de las fronteras del Reich. Una vez superada la lectura bélica y militar del muro atlántico, resta aún plantear otra lectura posible del mismo artefacto, como es su condición estética y territorial, de elemento edificado en el paisaje despoblado de la costa, y que vigila el horizonte desde una postura que Paul Virilio asemejó a la de los moáis de la isla de pascua. Sin lugar a dudas ha sido Paul Virilio la persona que más a investigado en los valores estéticos de estas construcciones, cuyo carácter militar, esta impreso en la genética ingenieril, económica y racional que las ha creado, lanzando un fuerte vinculo con lo que la arquitectura racionalista y brutalista de la postguerra defenderá. Este arquitecto nacido en 1932 creció en Nantes, donde a los ocho años presenció la llegada de los alemanes, y a los once la destrucción de la ciudad bajo una lluvia de bombas de los aliados. Al finalizar la guerra descubrió el mar al mismo tiempo que la paz, ya que la costa precisamente por la presencia del muro atlántico era una zona de control militar, y el acceso a la misma en los países ocupados estaba prohibido. En las playas Virilio se fascinó con los bunkers dejados por los combatientes, enigmas de una arquitectura bélica que comenzaba a ser reciclada por la...
Read MoreEn este último texto publicado el 20.02.09 en MUGALARI, recuperamos dos entradas anteriores del blog, el Lylipad de Vicent callenbaut, sobre el que realizamos adaptaciones a la costa gipuzkoana y el Super-Ring de Oma para el Mar del Norte. Varios son los proyectos que tomando como punto de partida el cambio climático, el calentamiento global o la crisis energética mundial, apuestan por la expansión de la civilización hacia los océanos. Un opción que, en el hipotético caso de revelarse necesaria, cobra total credibilidad teniendo en cuenta que de la superficie del planeta tres cuartas partes son agua. Parece inevitable, que en caso de revelarse como ciertas las previsiones más optimistas del GIEC (Grupo Intergubernamental sobre la Evolución del Clima) el nivel de los océanos aumentaría cerca de un metro durante el siglo XXI. Aún a pesar de parecer una cifra despreciable, este mínimo cambio de escenario, provocaría por ejemplo, la pérdida bajo las aguas del 6% de la superficie de los Países Bajos o del 17,5% de Bangladesh, lo que arrojaría una cifra de 50 millones de personas afectadas. Las peores previsiones apuntan a un aumento del nivel de las aguas cercano a los dos metros y este segundo metro ya se antoja mucho más preocupante, con ciudades como Nueva York, Calcuta, Shangai o Miami afectadas, con 250 millones de personas desplazadas y el 9% del PIB en peligro. Ante este panorama catastrófico, el arquitecto francés Vicent Callebaut presentó, el pasado año, Lilypad, una ecópolis flotante capaz de albergar a 50.000 habitantes, cuyo diseño está basado en la estructura del nenúfar gigante del amazonas del mismo nombre. Su oficina, siempre en el límite entre la ciencia ficción y la eco-tecnología más futurista, desarrolló este proyecto teórico con un doble objetivo, por un lado la ampliación territorial sustancial de algunos países altamente afectados por la subida del nivel del mar, y por otro la de proveer de opciones de vivienda a los futuros “refugiados climáticos”, como la memoria del propio proyecto bautizó. La estructura flotante, construida con una doble piel de fibras de poliéster recubiertas con dióxido de titanio, material capaz de absorber la contaminación presente en el aire, depura con métodos biológicos sus residuos, y alimentariamente es autosuficiente al abastecerse mediante acuicultura y agricultura de alto rendimiento. Además todas la fuentes de energías renovables, como las eólicas, fotovoltaicas o las relacionadas con las mareas, son aprovechadas por Lylipad para su abastecimiento eléctrico y poder así presentar un balance cero en cuanto a la emisión de CO2. Así, esta ciudad flotante cuyo metabolismo se presenta en perfecta simbiosis con los ciclos naturales y marinos. Probablemente fue el visionario escritor francés Julio Verne, en su novela Veinte mil leguas de viaje submarino publicada en 1870, el primero en plantear una civilización autosuficiente, únicamente sustentada por su relación con el mar. Al igual que resulta de gran dificultad calibrar el alcance real de la amenaza climatológica, también lo es valorar la capacidad real de adecuación humana a un medio como el marino....
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