Cuando el ahorro es un eslogan publicitario. Londres 2012 Ya ha comenzado la cuenta atrás para la ceremonia que dará comienzo a los Juegos Olímpicos de Londres 2012 y las sedes donde se disputarán las diferentes disciplinas están listas para recibir a los atletas y al público. Un evento de estas características tiene sin lugar a dudas un efecto publicitario mayúsculo, lo que en turismo e inversiones es el beneficio perseguido por los organizadores. Beijing 2008 representó, más allá de las disputas deportivas, un buen ejemplo de las ansias de una nación por abrirse al mundo y así mostrar la cara más amable, moderna y desarrollada de una nueva China. El gigante asiático expresó en sus construcciones el poderío de una era económica, que pronto descubriríamos tocaba su fin; Londres 2012 pretende por contra liderar la imagen de la sostenibilidad, la ecología y la economía, en una nueva era dirigida por la palabra crisis. La sede principal de los juegos se ha construido en una antigua zona industrial de la ciudad, que ahora tendrá una amplia zona verde con miles de árboles, y cientos de miles de metros cuadrados ajardinados, que la han convertido en un hábitat permanente para varias especies de aves. Su extensión es de 2.5 kilómetros cuadradosy se ubica al este de la ciudad de Londres. Es en ese ámbito donde se han construido las ocho nuevas instalaciones deportivas y la Villa Olímpica. A diferencia de ediciones anteriores de las Olimpiadas donde se construían todas las infraestructuras deportivas especialmente para la ocasión, en Londres se reconvertirán o adecuarán antiguos edificios. Se da la coincidencia de que será la primera vez en la historia, en la que una ciudad es sede de los juegos olímpicos por tercera ocasión, Londres lo fue anteriormente en 1908 y 1948. Esta cuestión hizo que el número de edificios existentes en la ciudad que permitiesen albergar los diferentes encuentros deportivos fuese elevado y permitiese pensar en reformarlos, antes que en tener que construirlos nuevamente desde cero. Una decisión tomada con el objetivo de abaratar la factura final. Este tipo de mentalidad se ha trasladado también a la construcción de los nuevos edificios. El deseo de que la cita olímpica pase a la historia no sólo como «el show más grande sobre la tierra», sino como la que trató mejor el medio ambiente y defendió una economía racional ha hecho que por ejemplo, el estadio olímpico pese menos de 10.000 toneladas de acero y que en su construcción se hayan utilizado tubos de acero reciclados. Por comparación se ha utilizado para su estructura una tercera parte del acero que se usó en el Nido del Pájaro en Beijing. En total para materializar las nuevas edificaciones se calcula que se han ahorrado en torno al 73 por ciento de los materiales de construcción que venían siendo habituales en este tipo de edificios. Además, se ha pensado de forma precisa en la reutilización y el reciclaje de muchos de los elementos utilizados para los nuevos edificios. Por ejemplo, mucha de...
Read MoreDecía Paul Scheebart en 1914 en el texto Glasarchitektur que la arquitectura debía cambiar y evolucionar adoptando el vidrio como paradigma de la modernidad y de una sociedad más elevada culturalmente. Las construcciones de muros de carga con pequeñas ventanas debían transformarse en edificaciones abiertas que introdujesen la luz del sol, de la luna y de las estrellas en los espacios del habitar. Scheebart en definitiva propugnaba una arquitectura que permitiese la relación de un nuevo hombre, del hombre moderno con la naturaleza y con el entorno. La arquitectura del movimiento moderno se hizo caso de relación entre transparencia y modernidad. Al fin y al cabo la ventana es un elemento comunicativo de la arquitectura, un elemento que relaciona el interior con el exterior, sin la cual la arquitectura sería mera construcción. El muro de carga se convertía en cristal y no únicamente el entorno pasaba a formar parte del espacio de la vivienda sino que la propia arquitectura se diluye en el espacio natural. Un ejemplo paradigmático de la historia de la arquitectura es el de la casa Farnsworth construida por Mies Van der Rohe en 1949, en una magnífica parcela junto al río Fox. La temible época de crecidas del río inundaba parcialmente la parcela de forma cíclica, lo que hizo necesario que la vivienda se separase físicamente del terreno sobre el que se implantaba, levantándose sobre un basamento ligero de metro y medio de altura. El proyecto mantuvo los árboles de la parcela, situando la casa cuidadosamente entre los impresionantes arces centenarios que ocupaban el solar. Los cantos blancos de los forjados del suelo y de la cubierta delimitan un espacio horizontal cerrado por planos de vidrio que se abren de manera ilimitada integrando la naturaleza en la vivienda. Únicamente la cocina y el pequeño aseo proyectados como una gran pieza de mobiliario en el centro de la planta conforman lo que podríamos denominar como cerramientos. La característica forma de H de esta pieza delimita unos recintos que dentro de la burbuja vítrea de la casa se especializan como salón, comedor o estar, sin llegar a convertirse en habitáculos cerrados. Al observar la obra, uno comprende que la arquitectura se desvanece y va desapareciendo incorporándose a la naturaleza y absorbiendo el entorno que la rodea. Sesenta años después los proyectos de viviendas unifamiliares de Sou Fujimoto y Ryue Nisihizawa reinterpretan este concepto de transparencia pero en un contexto similar el del paisaje urbano. Nisihizawa acaba de inaugurar una pequeña vivienda de cuatro plantas en un estrecho solar para dar respuesta al deseo de sus clientes, un publicista y una escritora que querían vivir en el centro de la ciudad y cerca de su ámbito de actividad profesional. Entre dos altos edificios, el solar se abre a través de una escueta fachada a la concurrida calle principal del barrio, por lo que el proyecto sirve de soporte a plantas y flores que construyen una suerte de jardín vertical para apoyar la privacidad de la vivienda. La casa no...
Read MoreLa primera mitad del siglo XX supuso el asentamiento del hormigón armado como el nuevo material de la arquitectura. Su capacidad estructural abrió el camino a la inventiva en el sentido de la utilización de grandes estructuras de hormigón para edificio públicos. Todavía hoy esa generación de arquitectos e ingenieros que experimentaron con nuevas formas derivadas del uso del hormigón son respetados y aclamados, y sus trabajos tienen gran eco en la arquitectura más contemporánea. Freyssinet, Torroja, Maillart o Nervi son los nombres de esos maestros constructores e ingenieros que con el nuevo siglo abrieron nuevos caminos. Su aportación en el ámbito de la construcción va mucho más allá del manejo del hormigón armado, introduciendo no solo el uso del nuevo material sino nuevas tipologías formales que mejoraban su comportamiento. Por ejemplo cabe destacar las figuras del ingeniero francés Eugene Freyssinet que fue el primero en el uso de hormigones pretensados, o la de Eduardo Torroja que apostó por el uso de estructuras laminares de bajo espesor. La obra de Torroja, como su personalidad, sobria y silenciosa, sigue viva en la memoria y en las referencias de las escuelas de ingeniería de todo el mundo. El frontón y el bolatoki del barrio donostiarra de Añorga, encargados por Cementos Rezola con el fin de sustituir los viejos equipamientos fueron inaugurados en el año 1949. El interés de ambos edificios está en el arriesgado planteamiento de la estructura de cubierta. Una finísima lámina de hormigón de 5 centímetros creada mediante formas cónicas entrelazadas da a dicha cubierta un aspecto ligero y ondulado. Esa ligereza expresada por la cubierta es posible gracias al concepto de lámina, que mediante su sección en curva adquiere condiciones mecánicas suficientes para sustituir las vigas tradicionales. Otras dos obras claves en la trayectoria de Torroja son el frontón Recoletos y el Hipódromo de la Zarzuela, ambos en Madrid. El frontón Recoletos, construido en 1935 con el arquitecto bilbaíno Secundino Zuazo, es un gran espacio cubierto por una lámina compuesta de dos secciones circulares de casi 60 metros de largo y con unas celosías triangulares que permitían la entrada de la luz del norte para iluminar la cancha sin deslumbrar a los pelotaris. La bóveda del frontón Recoletos es tal vez la máxima expresión de la ingeniería estructural donde función y forma alcanzan un punto de simplicidad y belleza, a la vez preciso y armónico. Torroja cubre el frontón con una bóveda que no es tal, ya que el estudio detallado de la estructura descubre que en realidad se trata de una doble viga curva que se apoya en el frontis y en el rebote, una solución que apuesta por el ingenio frente al despilfarro, y de la que se podrían sacar grandes conclusiones hoy en día. La marquesina del Hipódromo de la Zarzuela, que vuela casi trece metros, es probablemente el otro gran edificio de Eduardo Torroja. Además de la espectacularidad del sistema estructural hay que añadirle dos situaciones de contexto que aumentaron la épica del edificio. Por un...
Read MoreEl crecimiento normal de las ciudades a menudo se produce de forma concéntrica, desde el centro hacia la periferia. En este lento pero continuo movimiento de expansión la actividad más urbana del centro va absorbiendo la periferia de la ciudad. Va transformando sus usos característicos, como el industrial o el de infraestructuras de comunicaciones en otros más propios del centro ciudad como el terciario o el residencial. Hace escasamente dos años, antes de la aparición de la tan comentada crisis económica, la actitud de todos los planes urbanísticos pasaba por la «tabula rasa», es decir por el derribo de todos los elementos preexistentes hasta generar un espacio vacío que volver a ocupar. Esta metodología además de económicamente insostenible, ya que no intenta aprovechar ni las virtudes de las estructuras existentes, borra todo vestigio de identidad, memoria o historia que el lugar, una fábrica o cualquier otro espacio previo hallan podido acumular con el paso del tiempo. Esta actitud basada en el valor de lo nuevo por encima de cualquier otra característica puede calificarse hoy de obsoleta y agotada. Una propuesta urbanística que pone de forma rotunda en cuestión este modelo es la de los llamados «jardines de las fundición» ubicados en Nantes y considerado uno de los proyectos urbanos en construcción más grandes de Francia. El desarrollo se extiende en la longitud de una isla fluvial generada por el río Loira a su paso por el centro urbano de Nantes. Dirigido por Alexandre Chemetoff desde 1990, el proyecto consiste en la transformación de una fábrica de fundición y del distrito de almacenes fluviales levantados durante décadas a su alrededor en un barrio de viviendas de 350 hectáreas. El proyecto urbanístico desarrollado se basa en dos ideas fundamentales, sacar el máximo provecho de las estructuras existentes sin necesidad de demoler ningún edificio y en tener en cuenta la historia y la geografía del lugar, y por lo tanto su entorno social. Mantener la estructura de la fábrica que dio origen y en la que trabajaron centenares de habitantes de Nantes era además de una ventaja económica dado que sus espacios podían reaprovecharse, un reto social, en el que lo que estaba en juego era la identidad y la memoria de todas esas personas cuya vida estaba ligada a esas estructuras. El proyecto propuso mantener la estructura metálica de la fundición y aprovechar su gran cubierta para crear un jardín bajo el mismo techo de la vieja fábrica. En definitiva generar un espacio público cubierto para el uso diario que permita espacios de juego para los niños y el desarrollo de eventos sociales como cenas, exposiciones o conciertos. Con un coste mínimo de intervención como fue la limpieza y el repitando y reparación puntual de la estructura existente de la fábrica, la actividad industrial anterior se recupera, no sólo como un objeto de museo, sino también como el legado de un lugar donde muchos ciudadanos locales fueron empleados y trabajaron duro, por lo que de alguna manera la conservación de la...
Read MoreDurante estos meses de verano, muchas personas utilizarán instalaciones o estructuras creadas por la arquitectura para amplificar o mejorar el ocio y el disfrute del entorno natural en la época estival. La arquitectura contemporánea, mas que cualquier otra, ha explotado su relación con el ocio y la naturaleza como una forma de acercar la vanguardia a los usuarios y a la sociedad en general. Un buen ejemplo de este modelo de instalación, son las estructuras que a modo de piscinas aprovechan el entorno natural de las mareas o los ríos para permitir el baño o disfrutar del sol, en entornos a priori hostiles. Álvaro Siza, el premio Pritzker portugués, inauguró en su ciudad natal, Matosinhos cercana a Oporto, en 1966 unas piscinas de mar en Leça da Palmeira. El proyecto, que incluye dos piscinas, una de adultos y otra de niños, una cafetería, vestuarios y baños, está situado por debajo de la línea del paseo marítimo que corre a lo largo de la playa. Una serie de muros de hormigón visto, con interiores de madera oscura y cubiertas de cobre geométricamente ordenadas, contrastan con las rocas existentes que apoyadas por dos muros de hormigón definen los recintos de las dos piscinas. El proyecto pretende optimizar las condiciones creadas por la naturaleza, que ya había iniciado por su parte la formación natural de una piscina en aquel mismo sitio. Las rocas se han complementado con las paredes mínimas necesarias para formar la contención del agua, que se renueva con las olas y la marea. Así nació una ligazón mucho más estrecha entre lo natural y lo construido, y una instalación que protege a los usuarios de las violentas aguas del atlántico. Este proyecto de Siza fue rapidamente considerado como una obra maestra y es todavía hoy una referencia a la hora de hablar de naturaleza y arquitectura. En la misma línea la asociación estatal alemana Stadkunst Projekte, una asociación berlinesa que a través del arte promueve proyectos para ampliar las relaciones entre el entorno urbano y la vida cotidiana, convocó un concurso internacional para integrar el río Spree en la ciudad de Berlín. El estudio canario AMP Arquitectos, en su momento compuesto por José María Rodríguez Pastrana, Felipe Artengo y Fernando Martín Menis, y la artista berlinesa Susanne Lorenz, ganaron el concurso al que se habían presentado otros treinta y dos participantes de más de doce países. El resultado es un proyecto innovador que propone animar el río Spree, el cual atraviesa la ciudad de Berlín, con la instalación de un lugar de ocio como la mejor manera de optimizar y activar esa parte de la ciudad. Un enclave situado en el transitado barrio de Treptow, al oeste de la ciudad, en la que confluyen mercadillos, conciertos, teatros y barcos-bares flotantes, convirtiéndose en un lugar de moda en la ciudad.La idea consistía en la recuperación del río como espacio para el baño, siguiendo la tradición de los antiguos baños públicos del siglo XIX. El proyecto se basa en la reutilización,...
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