Pliegue / Recorrido / Interfaz /Historia
El proyecto se caracteriza por la peculiar situación de la nueva ampliación de San Telmo en relación al contexto paisajístico.
Situado entre la estrechez de la ladera del monte Urgull y el museo centenario, el edificio adopta el carácter de un pliegue en el paisaje.
Este casi obligado pliegue estructural es una de las matrices dinamizadoras del espacio, convirtiéndolo en un interfaz que va estirándose longitudinalmente, reconectando el monte con el museo y por extensión con la ciudad.
La forma va extendiéndose hacia los extremos, por un lado vinculando la plaza Zuloaga y las vistas al mar, y por otro conectando con la plaza de la Trinidad y la calle 31 de Agosto, que se introducen simbólicamente dentro de la estructura general.
Este concepto de pliegue se traslada igualmente a la parte frontal del museo, en concreto en el sistema de rampas que permite acceder al viandante a Urgull recorriendo el edificio. Un juego de transparencias entre interior y exterior ofrece la posibilidad de usar el edificio sin la necesidad de entrar dentro. El interfaz o zona transicional dota al equipamiento de nuevas funciones.
La idea de establecer un sistema de recorridos es otro de los ejes del proyecto. Un conjunto de caminos y senderos se va mimetizando desde la cubierta hasta las respectivas salas inferiores.
El carácter longitudinal de los espacios permite un recorrido espacio-temporal en el caso de las salas de colección permanente permiten al mismo tiempo que al espectador pasar de un nivel a otro gracias a un sistema de entradas y salidas. Break espacio temporales
Otra de las características está en el grado de auto-conciencia que el edificio desarrolla en relación al contexto, especialmente en relación a los lugares emblemáticos de la ciudad que lo circundan. En lugar de que el proyecto se convierta en un anexo pegado o acostado al conjunto iglesia/claustro/torre, éste participa de un estatuto semi-autónomo.
La nueva ampliación se convierte en una forma “parasitaria” que crece y se desarrolla apoyado y soportado en una mínima expresión de contacto sobre la triple estructura iglesia/claustro/torre. Su posición, orientación y perspectiva parece mirar a la Historia desde una distancia prudente al mismo tiempo de respeto y conservación.
Desde el nuevo edificio no se pierde nunca de vista el museo antiguo, más bien, lo mira como si de una tercera persona se tratara, y en ese acto, lo historiza, lo contextualiza e incorpora al patrimonio. Por ello el espectador o visitante no pierde nunca de vista su situación en el interior vis a vis los puntos de referencia esenciales, que siguen siendo la torre, el claustro y la iglesia.
En este sentido, la operación es lo más quirúrgica posible, actuando el nuevo patio como una nueva interfaz visual y espacial. Este proceso de historización desde la metáfora del espejo, también es extensible al propio monte Urgull. Es decir, todo aquello que el museo simbólicamente “toca” pasa a formar parte de un todo orgánico.
El proyecto participa de una reflexividad que excede su condición de contenedor para convertirse en un equipamiento dinámico dentro de la ciudad a ser usado fácilmente por la sociedad civil sin perder de vista el rigor de la presentación expositiva. |